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Tomás Casares: jugar en la Selección estadounidense de rugby siendo argentino y el sueño del Mundial 2027

Buenos Aires, 2 de agosto (NA) – El rugbier argentino Tomás Casares, que representa al seleccionado estadounidense, comentó cómo fue su llegada al país norteamericano, hace ya cinco años, repas...

Tomás Casares: jugar en la Selección estadounidense de rugby siendo argentino y el sueño del Mundial 2027

Buenos Aires, 2 de agosto (NA) – El rugbier argentino Tomás Casares, que representa al seleccionado estadounidense, comentó cómo fue su llegada al país norteamericano, hace ya cinco años, repas...

Buenos Aires, 2 de agosto (NA) – El rugbier argentino Tomás Casares, que representa al seleccionado estadounidense, comentó cómo fue su llegada al país norteamericano, hace ya cinco años, repasó distintos momentos de su carrera y cuestionó la manera de jactarse de los valores que acostumbra el rugby nacional: “no son tan así”.

En declaraciones a la Agencia Noticias Argentinas, el jugador de 27 años, que viene de ser campeón de la Major League Rugby con los Chicago Hounds, calificó como uno de sus “mayores logros personales” el hecho de jugar para la selección norteamericana y valoró el “fanatismo” del público estadounidense, a pesar de no contar con el “folklore” argentino.

Siendo parte de una liga formada en 2018, el rugbier que se desempeña como número 8 hizo un análisis de lo que ha vivido en la misma durante los últimos años y destacó formar parte de la generación que moldea los valores del rugby estadounidense, en la que nota menos peleas que durante el tiempo que pasó jugando en Argentina.

Habiendo obtenido una beca deportiva en una universidad en 2021, Tomás Casares recordó que llegó al país sin haber estudiado inglés en el colegio, por lo que tuvo que vivir un momento “hostil”, aunque fue ayudado por el sistema, y reconoció la importancia de haber coincidido en más de un lugar con otros jugadores argentinos, que lo ayudaron a “respetar nuestras tradiciones”, además de la importancia de haber aprendido a ganar para poder seguir empujando sus propios límites.

Tras hacer mención de cómo vivió el proceso del draft en el que fue elegido, Casares comentó cómo vivió desde adentro el trunco proyecto de Miami Sharks, una franquicia sostenida por empresarios argentinos, y cómo se dio su llegada a Chicago, asegurando que sueña con jugar el Mundial de Australia 2027 y poder jugar en Newman, el club que lo formó y en el que le “quedó pendiente” jugar en la Primera.


EL SIGUIENTE ES EL DETALLE DE LA ENTREVISTA CON NA:

Noticias Argentinas: ¿Cómo se dio tu llegada a Estados Unidos?

Tomás Casares: Mi llegada a Estados Unidos fue por estudio, a través de una beca deportiva en la Thomas Moore University, en Cincinnati, después de un par de experiencias ya intentando sacarle jugo al rugby. Fue en la época del covid, en 2021, que estábamos todos encerrados, así que fue una buena forma de salir y una puerta a lo que es el rugby en Estados Unidos. Ahí estudié gestión deportiva.



NA: ¿Cómo fue la adaptación en esos primeros meses?

TC: Yo no había hecho inglés en el colegio entonces fue complicado, pero el sistema me ayudó mucho y le metí mucho al estudio. En ese momento tomaba lo deportivo como un disfrute, aunque me exigía un montón, porque se me estaba complicando la parte del estudio y adaptación en ese aspecto de la vida. El primer cuatrimestre fue lo más difícil, pero le di la vuelta y ya para el segundo me fui instalando y entendiendo los métodos, son formas muy distintas.

En lo deportivo fue bastante llevadero porque el entrenador me dio las riendas, me dejó ser capitán de arranque y había un par de argentinos más, entonces armamos una linda cultura de argentinos-americanos, por eso nos fue bien. Podíamos respetar nuestras tradiciones y hacer un asado un domingo o tomar unos mates a la mañana.



NA: ¿Cómo se vive el deporte universitario en Estados Unidos, con toda la importancia que tiene allá?

TC: El rugby todavía se está desarrollando, pero el deporte universitario es algo que nunca vi en mi vida. Se arman muchas comunidades, la gente termina de estudiar y se termina quedando a vivir ahí, donan plata a las universidades, van siempre a ver los partidos. En especial en universidades más grandes, que tienen estadios de 110 mil personas llenos. Tienen la cultura de ir mucho tiempo antes para hacer barbecues en el estacionamiento, es increíble. Uno se va de acá creyendo que somos muy fanáticos pero ellos, desde otro lado, también tienen ese fanatismo y está muy bueno de ver y experimentar.



NA: ¿Tuviste la oportunidad de ir a ver algún partido de otro deporte?

TC: Sí, yo soy hincha de los Cincinnati Bengals, de fútbol americano, que juegan en la ciudad de mi universidad y en ese año les fue muy bien, llegaron al Superbowl, y fue increíble, son estadios gigantes, imponentes y acondicionados. Sin el folklore nuestro, también tienen su pasión.



NA: ¿Cómo fue tu experiencia en los momentos previos al Draft de 2022 y cuando llegó el día?

TC: Había llegado muy confiado, creo que demasiado, porque había tenido charlas previas con General Managers de distintos equipos, pero sin nada concreto. Me acuerdo que nos habíamos juntado con muchos de los chicos del programa de rugby y llegamos muy entusiasmados, éramos como 40 viendo la televisión y el proceso la verdad que es bastante increíble porque va uno por uno y va pasando el tiempo, van pasando los picks y te vas poniendo nervioso. Yo fui el 17° del segundo round y fue un alivio, una locura.



NA: Habiéndote formado en Newman, ¿Qué diferencias encontrás en el modo de entrenamiento, la estructura y los valores del juego?

TC: Creo que en Estados Unidos el rugby se está moldeando, así que los que estamos participando de esta formación tenemos una responsabilidad muy grande. No se habla tanto de los valores sino que hay que demostrarlos, porque estamos mostrando qué tipo de valores se usan en el rugby y eligiendo que incentivar y qué erradicar. No me encontré con algo que ya estaba predicho, sino que se nota en los capitanes de los equipos que hay distintas culturas y les va mejor a los que tienen una cultura más positiva y están trabajando en formar esos valores.

Por otro lado, acá uno cae con cosas impuestas y te dicen cómo son, aunque después no son tan así. Creo que el rugby argentino se jacta de algo que es muy grande como para jactarse de forma generalizada.



NA: Siendo parte de la generación que forma valores, ¿En qué se basan?

TC: Dentro del equipo buscamos ser más humanos, preocuparse por el otro, saber en qué anda la otra persona o qué problemas está teniendo y cómo podemos ayudar. Pensar mucho en el otro antes que en uno es la filosofía del equipo en el que estoy hoy. Se hacen muchas actividades para conocer a la gente y que no solo sea ir a trabajar y volver.

Hay mucho de ser digno en la victoria: nos tocó ganar mucho este año, pero también me tocó estar en equipos que perdían, y me crucé con gente que no sabía perder y otra que no sabía ganar. Apenas ganamos el campeonato lo primero que hicimos fue ir a saludar al rival con respeto, sin engancharnos en el chiquitaje.



NA: Con la trascendencia que se le da al “trash talk” en Estados Unidos, ¿Cómo se vive en un rugby que está empezando y tiene tanto contacto?

TC: Se hace un montón, es algo a lo que me costó adaptarme. Cuando viví en Nueva Zelanda vi que también se hablaba mucho, los hinchas te gritaban al oído y te tiraban cosas, aunque no tenía tanta importancia. Creo que cuando vos tenés los valores y estás tratando de jactarte de algo, hay hacerse cargo de las acciones propias. Si alguien me hace “trash talk” tengo que comportarme, o puedo devolver con la misma moneda. Se hace un montón y es parte de la cultura, pero muy pocas veces pasa a peleas, a diferencia de Argentina, que no se habla pero muchas veces pasa a peleas.



NA: ¿Siendo argentino sos un blanco fácil para esos comentarios?

TC: Si, por supuesto. La verdad que me podría encerrar varias veces en algunas que creo que estuvieron fuera de la línea, porque obviamente hay un montón de cosas culturales que no hace falta ni mencionar, pero está en mí o en cualquiera que lo recibe, ver cómo se aborda el tema. Por ahí después del partido se puede conversar sobre los límites para no llegar a una pelea, aunque en caliente es difícil. Ese es el desafío.



NA: ¿Cómo se da tu convocatoria a la Selección de Estados Unidos? ¿En algún momento dudaste si tenías que esperar a los Pumas?

TC: Fue uno de mis mayores logros personales el llamado para Estados Unidos. Me llamó el Head Coach para decirme que me quería en el equipo y habíamos tenido pocas charlas previas, así que fue una sorpresa. Estados Unidos es un país que me dio mucho y representar al país es un honor. Es un país que se enorgullece mucho de sus atletas, se nota en los Juegos Olímpicos.

La verdad que no pensé en un futuro como Puma que me haga retrasar la decisión, dije que sí y lo disfruté un montón. Siempre que pueda los quiero volver a representar.



NA: ¿Cómo ves el futuro de tu carrera? ¿Contemplás volver a jugar en el país?

TC: Obviamente volvería a Argentina para jugar en mi club, Newman. Me quedó pendiente jugar en la Primera y no tengo dudas de que lo voy a intentar y voy a dar lo mejor para que se haga posible. También me encantaría jugar en Europa. Aunque no se hable mucho en Argentina, la MLR es una ventana enorme para el rugby europeo, es una oportunidad que puede existir así que queda esforzarse y esperar a qué pase.



NA: ¿Cómo vive la gente el rugby en un país en el que uno de los deportes emblema es el fútbol americano?

TC: Creo que al americano le gustan los deportes de impacto y grandes momentos, y el rugby les da un poco de eso. No me deja de sorprender la cantidad de gente que viene a los partidos y no juega al rugby ni tienen conocidos que jueguen, pero igualmente va y lo disfruta mucho. Creo que eso no pasa en muchos lugares. Se vive en forma apasionada, pero diferente a la que tenemos nosotros.



NA: ¿Cómo ves a la MLR desde adentro?

TC: Creo que la liga pasó un momento muy delicado, se expandió más de lo que se tenía que expandir, porque lo hizo en forma muy rápida y exponencial, y eso le trajo problemas. Sé que este año le fue mejor porque fuimos menos equipos, después de una reestructuración, y se empezó a hablar de un futuro. Hay que tener paciencia y no desesperarse, porque si se sigue progresando lento y tranquilo el deporte va a ir bien.

Hay un norte, que es el Mundial 2031 que se va a jugar en Estados Unidos, y creo que ese tiene que ser el tiempo a proyectar. Al plan actual lo veo con más optimismo y le veo más futuro.



NA: Fuiste parte del proyecto Miami Sharks, un club formado por empresarios argentinos, ¿Cómo fue esa experiencia?

TC: Fue una experiencia única. Venía de Boston y me había costado adaptarme, así que fue una buena experiencia, en la que conocí un montón de personas que hoy son mis mejores amigos del rugby. Fue mucho más ameno, con gente de mi club, y lo disfruté un montón. Desarrollé una muy linda relación con el entrenador, José Pellicena, con el que trabajé mucho y mejoré un montón, sigo trabajando hasta hoy en día.

Con el empresario que más relación tuve fue Marcos Galperín, con el que tuve alguna charla, y me pareció una persona muy copada, simple e interesante, que con una conversación rápida te dabas cuenta porqué les va bien. Que tengan esa humanidad de conocer los nombres de todos y saludar y comentar cosas, me sorprendió. Fue una etapa de mucho aprendizaje pero la sufrí, me dolió mucho que se haya ido la franquicia porque tenía mucho sentido de pertenencia, hubo momentos muy angustiantes en el final.



NA: En base a tus estudios de gestión deportiva, ¿Por qué crees que no prosperó el proyecto?

TC: Creo que había un problema organizacional. No estaba bien preparada la proyección, que se hizo muy a corto plazo, y sentí que cuando fallaron algunas cosas hubo desesperación, se hicieron muchos cambios apresurados. Siendo objetivo, creo que el gran problema fue no agarrar a alguien que tuviera experiencia en la liga y ayude a desarrollar a la franquicia.



NA: ¿Con qué expectativas llegaste a Chicago y cómo valoras la temporada desde lo personal?

TC: A Chicago llegué con mucho nerviosismo, porque nombre por nombre tiene jugadores buenos, con los que compito en el seleccionado, y están en muy buen estado físico. La cultura del equipo me abrazó muy rápido, me pasó algo similar a en Miami, me recibieron con los brazos abiertos y los entrenadores me dieron muchas responsabilidades y me sentí cómodo.

Mi objetivo era ser titular desde el principio, no di nada por sentado. Aprendí a ganar, que parece algo muy obvio, pero aprendí a ser crítico cuando gano y me va bien. Como equipo me sorprendió que nos comparábamos con equipos de Europa y no con nuestros rivales actuales. Eso es lo que me enamoró y entré en una sinergia que me hizo disfrutar mucho la temporada.



NA: ¿Qué tan importante es haber aprendido a ganar para poder mantener el estándar alto en el deporte de alto rendimiento?

TC: Es muy importante, y obviamente está en la naturaleza de cualquier persona. Especialmente en el deporte, que uno se priva de muchas cosas para poder rendir lo mejor posible, aprender a ganar ayuda a sacarse el chip de relajarse y hacer el mínimo, a ser humilde y a saber que uno no es el mejor cuando gana ni el peor cuando pierde. Hay que seguir trabajando porque a uno le gusta hacerlo y le gustan los resultados.



NA: ¿Cómo se organiza el resto del año como jugador de la MLR, que termina en junio y no vuelve hasta el año próximo?

TC: Sin dudas es el desafío más grande, creo que es un problema que tenemos todos los que jugamos acá. Normalmente viajo con el seleccionado pero estas últimas dos giras no me convocaron, entonces uno hasta tres semanas antes de que finalice el torneo cree que va a tener la agenda ocupada y por ahí le avisan que va a estar libre y tiene que reestructurarse, saber dónde va a vivir, si consigo un trabajo o me vuelvo a Argentina. Además yo estoy casado, entonces tengo que pensar por dos, y aparte me compré un perro allá. Es una de las cosas a mejorar de la liga, porque uno se estabiliza deportiva y mentalmente y a los seis meses ya tiene que cambiar.



NA: ¿Cómo son los contratos, considerando que todo cambia cada seis meses?

TC: Ese es otro punto que debería mejorar la liga. Los contratos son por temporada, solo cobras a lo largo de la misma, y no suelen hacer contratos de más de dos años, porque al jugador no le conviene: si entran franquicias nuevas y se juegan más partidos, a mí ya no me beneficia el monto que arreglé. Ahora hay una unión de jugadores de la MLR que se está encargando de que haya más estabilidad y nos prometan más cosas, como un seguro médico, vivienda o auto. Debería haber más certezas que incertidumbre.



NA: ¿Ves un progreso en el cumplimiento de sus contratos y derechos desde la creación de la unión?

TC: Sin dudas este año fue el mejor de la unión, empezó a pedir cosas más lógicas y ser más firme, también cuenta con más apoyo de los jugadores, y ya se convirtió en un trabajo más formal. La liga les empezó a dar más lugar y eso es una mejora. Atrás del deportista hay una persona y quedarse en la calle por una lesión no puede pasar, es algo no negociable.



NA: ¿Cómo transitaste el Mundial de fútbol siendo que viviste una parte allá y otra acá?

TC: Me llevé la mejor parte porque fui a ver el partido contra Cabo Verde, que fue recontra emocionante. Todos los partidos fueron muy movidos y estuve en Miami, que fue como volver a mi casa. Después volví a Argentina y disfruté un montón estar con mis amigos y familia, todas las cábalas y el ambiente de Mundial argentino, que siempre es distinto y tiene ese “algo” que te hace disfrutarlo más.



NA: ¿Un sueño que te quede por cumplir en el rugby?

TC: Sin dudas que jugar el Mundial de Australia del año que viene. Es un objetivo que tengo escrito en la heladera, lo miro todas las mañanas antes de salir a entrenar.



NA: Comentaste lo importante que es aprender a ganar. Habiéndote formado acá y atravesado una barrera de lenguaje, ya asentado en otro país y viviendo del rugby hace muchos años, ¿Qué es ganar para vos?

TC: Para mí ganar es cosechar todo lo trabajado durante la semana y en los meses previos. Poder ver reflejado el trabajo que la gente no ve, eso es lo que lo hace tan lindo y tan difícil. Vos podés ganar un partido sin haberlo trabajado, pero no podés ganar un torneo sin haber trabajado. No hay nada que dé más satisfacción que ver que trabajaste más que el otro y lo cosechaste.

Agencia NA

Fuente: https://noticiasargentinas.com/deportes/tomas-casares--jugar-en-la-seleccion-estadounidense-de-rugby-siendo-argentino-y-el-sueno-del-mundial-2027_a6a6f88bd42fd28baea4c6273

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