
Súper Étendard Modernisé: la triste historia de cinco aviones comprados por USD 15M que nunca volaron
Buenos Aires, 21 agosto (NA) – La historia de los Súper Étendard Modernisé (SEM) terminó convirtiéndose en uno de los proyectos más frustrados del reequipamiento militar argentino. Los cinco a...
Buenos Aires, 21 agosto (NA) – La historia de los Súper Étendard Modernisé (SEM) terminó convirtiéndose en uno de los proyectos más frustrados del reequipamiento militar argentino. Los cinco aviones comprados a Francia por una operación cercana a los 15 millones de dólares nunca llegaron a despegar bajo bandera nacional y, tras permanecer años almacenados en Bahía Blanca, fueron retirados definitivamente del servicio.
La adquisición había sido anunciada en 2017 durante el gobierno de Mauricio Macri con un objetivo claro: recuperar la capacidad de ataque de la Aviación Naval Argentina. La compra incluía las cinco aeronaves, motores, repuestos, herramientas, un simulador de vuelo y equipos de apoyo para poner nuevamente en funcionamiento un sistema de armas emblemático.
No se trataba de cinco aviones usados cualquiera. Los Súper Étendard Modernisé estaban llamados a convertirse en los sucesores de los históricos Súper Étendard que hicieron historia durante la Guerra de Malvinas.
Aquellos cazabombarderos de la 2ª Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque hundieron al destructor HMS Sheffield y al buque logístico Atlantic Conveyor mediante el lanzamiento de misiles AM39 Exocet, convirtiéndose en uno de los mayores símbolos del poder aeronaval argentino.
LOS AVIONES QUE DEBÍAN REEMPLAZAR A LOS HÉROES DE MALVINAS
Los Súper Étendard Modernisé adquiridos a Francia pertenecían a la versión más moderna desarrollada por Dassault Aviation. Incorporaban mejoras en aviónica, navegación, radar y capacidad para utilizar armamento guiado, por lo que la Armada esperaba extender durante varios años la vida útil de un sistema de armas que había quedado fuera de servicio tras el retiro de los Súper Étendard originales.
La operación se cerró en 2017 y los aviones arribaron a la Base Aeronaval Comandante Espora, en Bahía Blanca, en mayo de 2019. Incluso, originalmente se esperaba que algunas de las aeronaves pudieran participar en la vigilancia aérea durante la cumbre del G20, celebrada en Buenos Aires en 2018, aunque los plazos de entrega hicieron imposible ese objetivo.
Sin embargo, apenas comenzaron las tareas para ponerlos en servicio aparecieron los inconvenientes. Los técnicos detectaron problemas relacionados con la disponibilidad de repuestos, certificaciones vencidas y la necesidad de reemplazar diversos componentes críticos para garantizar la aeronavegabilidad.
Uno de los mayores obstáculos fue la certificación de los cartuchos pirotécnicos de los asientos eyectables Martin-Baker, un elemento indispensable para la seguridad de los pilotos. Esos dispositivos son de origen británico y quedaron alcanzados por el embargo militar que el Reino Unido mantiene sobre la Argentina desde el final de la Guerra de Malvinas en 1982.
Con el paso de los años también se hicieron evidentes otras dificultades. La escasez de repuestos, el desgaste propio de aeronaves retiradas del servicio por la Marina francesa y la falta de personal especializado redujeron cada vez más las posibilidades de recuperar el sistema de armas.
Una auditoría realizada por la Sindicatura General de la Nación (SIGEN) en 2022 también cuestionó distintos aspectos de la compra y advirtió que varios componentes esenciales eran de fabricación británica, un factor que complicaba seriamente cualquier intento de completar la puesta en servicio de las aeronaves.
UN PROYECTO QUE TERMINÓ GUARDADO EN UN HANGAR
Durante la gestión de Alberto Fernández se realizaron gestiones ante Francia para intentar conseguir alternativas para las piezas faltantes y reactivar el proyecto. Sin embargo, las evaluaciones técnicas concluyeron que el costo de recuperar los aviones era demasiado elevado frente a la vida útil remanente de las aeronaves.
Mientras tanto, los cinco Súper Étendard Modernisé permanecieron durante años dentro de los hangares de la Base Aeronaval Comandante Espora. Apenas fueron sometidos a tareas de preservación y mantenimiento, pero ninguno realizó un vuelo operativo ni fue incorporado oficialmente a la 2ª Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque.
Con la incorporación de los 24 cazas F-16 adquiridos a Dinamarca, el Ministerio de Defensa terminó de cambiar el rumbo de su política de reequipamiento. Los recursos pasaron a concentrarse en la llegada de esos aviones y en la infraestructura necesaria para operarlos, dejando sin margen para continuar intentando recuperar los Súper Étendard Modernisé.
La decisión de retirarlos definitivamente puso punto final a una historia que había despertado grandes expectativas dentro de la Armada. Lo que debía convertirse en el renacimiento del sistema de armas que escribió una de las páginas más importantes de la Guerra de Malvinas terminó transformándose en una inversión millonaria que nunca llegó a cumplir su misión.
Agencia NA