
Manuel Tripano: el único campeón Mundial argentino de canotaje que sueña con los Juegos Olímpicos
Buenos Aires, 14 junio (NA) – El palista argentino Manuel Tripano recordó lo que significó para él haber sido campeón mundial juvenil de canotaje eslalon en 2024, marcó la clasificación a los ...
Buenos Aires, 14 junio (NA) – El palista argentino Manuel Tripano recordó lo que significó para él haber sido campeón mundial juvenil de canotaje eslalon en 2024, marcó la clasificación a los próximos Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 como su principal objetivo y detalló las competencias que tiene por delante.
En declaraciones a la Agencia Noticias Argentinas, el atleta de 21 años afirmó que practica el deporte desde los primeros momentos de su infancia, al punto de que el bote es el único lugar que identifica como una casa, y comentó las complicaciones logísticas que debe afrontar antes de cada torneo: “A veces las aerolíneas no dejan pasar los botes. A algunos compañeros se los hicieron cortar, a mí me los han roto”.
Ganador del Premio Inspiración entregado en la última edición de los Premios Olimpia, Tripano destacó que la beca anual obtenida a través de la distinción lo “ayuda muchísimo a formar el camino necesario para competir”.
Además, el año pasado también estuvo cargado de éxitos para el palista argentino: fue doble campeón panamericano en las categorías C1 y K1 senior.
El joven piragüista, entrenado por su padre Javier y su tío Martín, valoró el respaldo que siente por parte de su familia, a la que describió como “una familia bien de kayak”, y tiene por delante la participación en el Mundial Sub 23 de Cracovia, que comienza el 30 de junio, además del Mundial senior en Oklahoma City, el Panamericano de Canadá y los Juegos Odesur, a disputarse en Santa Fe.
Acerca de los torneos mencionados, Manuel Tripano aseguró que busca “divertirse y ser constante”, en un deporte “muy oportunista”, comentando además el método artesanal que tiene que emplear para poder entrenar, al verse obligado a cruzar alambres y sogas y mover piedras en el río Quequén de Necochea, en busca de generar cascadas que recreen las que afronta en los torneos.
Estudiante de kinesiología, el palista declaró que el campeonato Mundial juvenil obtenido en 2024 fue “demasiado especial”, reconoció que es el título que más valora de su carrera, recordó los sacrificios que tuvo que hacer para poder disputarlo en un momento duro de su trayectoria y dejó un análisis digno de la gran promesa que es en el deporte argentino: “no voy a decir que se alinearon los planetas, porque también hicimos lo necesario para que suceda”.
EL DETALLE DE LA ENTREVISTA CON NA:
Noticias Argentinas: ¿Desde qué edad practicas canotaje?
Manuel Tripano: De toda la vida. Me lo enseñaron mi papá y mi tío y desde los 3 años tengo fotos adentro de un bote. Cuando tenía cinco años empecé a practicar todos los fines de semana y desde los 11 de manera constante.
NA: Siendo algo que te acompaña desde hace tanto tiempo, ¿Imaginás tu vida sin estar arriba de un bote?
MT: No, es mi casa porque es casi el único lugar en el que estoy todos los días. Tengo el año fraccionado, viviendo un tercio en Mar del Plata, otro tercio en Necochea y otro tercio viajando, entonces el único lugar en el que me siento identificado es arriba del bote.
NA: ¿Sentís el respaldo de tener familiares con experiencia para aconsejarte y que también sean tus entrenadores?
MT: Sí, pero como cualquier deporte evolucionó mucho. Ellos lo practicaron en la infancia y fueron profesores, pero a nivel recreacional, porque también desde el punto de vista económico era complicado. Siempre fue una familia bien de kayak así que para lo básico del deporte siempre estuvieron ahí.
NA: ¿Cuánto cuesta conseguir patrocinadores para poder competir internacionalmente siendo un deporte que está fuera de lo mainstream?
MT: Es bastante difícil, justamente porque se hace caro al ser la mayoría de las competencias en Europa, pero todo suma. El premio Inspiración que recibir en al última edición de los Premios Olimpia me está ayudando a ir formando el camino con lo que se necesita.
NA: ¿Cuáles son las principales complicaciones logísticas para competir?
MT: No es fácil viajar con los botes, que son de tres metros y medio y no te los dejan pasar en todas las aerolíneas. Son frágiles, necesitás tener más de uno por las dudas y son distintos en cada categoría. Aparte a veces las aerolíneas no los dejan pasar y tenés que competir con equipamiento distinto al que estás acostumbrado. Tengo compañeros que se los han hecho cortar, a mí me los han roto. Viajás estresado y ves cómo los revolean adentro del avión.
También conviene tener un bote en América y otro en Europa para ahorrar los 200 dólares de envío. Si ya lograste eso, que es un gran paso, tenés que viajar a esos lugares e inevitablemente vas a tener que llevarlos en avión. Aparte usualmente los autos de alquiler no tienen portaequipaje y tampoco los podés rayar, así que tenés que ingeniártelo.
NA: Si no pudiste viajar con el bote y ya estás en el torneo, ¿Hay alguna ayuda de la federación? ¿Te prestan un bote en el torneo?
MT: La mayor parte de las veces te tenés que arreglar. En los torneos de velocidad hay distintos botes para que puedas usar en los torneos, porque son del doble de largo y son imposibles de trasladar. En eslalon tu equipamiento es tu problema. La organización puede tener algún sistema para alquilar botes, pero no es tan rentable porque son muy específicos. Los interiores de los botes son personalizados y no todos son iguales, aunque sean del mismo modelo y talle.
NA: ¿Cómo se entrena canotaje eslalon en Argentina?
MT: Es muy distinto a lo usual en el deporte. En otros países hay pistas artificiales, que son piletas con cascadas enormes que bombean el agua y, si no les gusta cómo cae una piedra, apagan la pista, mueven la piedra y la vuelven a prender.
Acá en Argentina hay pistas naturales y les tenés que meter mano. Tirás algunas piedras, cruzas alambres y sogas para poder colgar unas varillas y lo tenés que diseñar para poder practicar, en una porción de 300 metros de río, con corrientes y algunas cascadas que puedan formar contracorrientes. Practico en el Paraje Las Cascadas de Necochea, en el río Quequén, desde toda la vida, y es todo bastante artesanal: en 2012 y hace unos meses se inundó y se cayeron todos los alambres, entonces tuvimos que meternos al agua a acomodarlos.
NA: ¿Cómo combinas el entrenamiento, las competencias y el estudio?
MT: Intento hacer todo y ver hasta dónde llego. Estudio kinesiología y la Universidad FASTA me permite tener un programa de doble carrera, en el que puedo asistir al 50% de las clases y formar parte de la cursada de todas las materias. En los parciales que no esté se reprograman, e igual me tengo que manejar para estudiar en pasillos, competencias y aviones para llegar a rendir bien. Se complica.
NA: Sos el primer argentino campeón en un Mundial de canotaje eslalon, ¿Cómo te sentís ante esta hazaña?
MT: Fue un sueño cumplido. No sé cómo explicarlo porque no me cierra el porqué, fue demasiado especial. Es algo que imaginaba cuando salía a caminar por la calle escuchando música y se terminó cumpliendo. En el momento fue un shock porque parecía ficción, nadie lo tenía pensado. Yo sabía de mis capacidades y que era posible, una vez que estás en la final, entre los mejores 10, sabes que podés ganar ese día, porque es un deporte muy oportunista. Es 1 minuto y medio en el que tenés que llevar a cabo un plan en el primer intento, por lo que es bastante variable. Aún así, el que brilla es el que menos errores hace y ese fue el día. Obviamente hubo muchos días que no fueron y hubo que comerse el garrón, pero fue algo que me levantó tanto a mí como al deporte en el país, en la categoría de mi especialidad.
NA: ¿Es el título que valorás más en tu carrera?
MT: Claro. Fue justo después de haber perdido la oportunidad de ir a los Juegos Olímpicos de París 2024, estaba compitiendo por el repechaje olímpico y tuve todas las oportunidades para ganar la plaza a último momento y no lo conseguí. Fue un momento bastante bajo pero simplemente levantamos la cabeza con mi papá y nos propusimos competir en el Mundial.
Hicimos lo que pudimos, recuerdo que pintamos nosotros la pileta, ahorramos y con eso “rompimos el chanchito” y fuimos. Fui con una canoa vieja y pintada porque estaba fea, los otros competidores se reían de que no podía cambiar el bote pero bueno, ya estar allá era difícil. Se terminaron dando todas las cosas pero no voy a decir que se alinearon los planetas porque también hicimos lo necesario para que suceda. Cada vez recuerdo más detalles que hacen que todo sea más especial, ese día lo recuerdo con mucho cariño.
NA: ¿Cómo ganas la plaza para poder clasificar a Los Ángeles 2028 y en qué lugar entre tus objetivos lo ponés?
MT: Al día de hoy es una de mis prioridades, sobre muchas cosas. La oportunidad de clasificar cambió respecto a los últimos JJ.OO, actualmente se acumulan nueve competencias, de las que se promedian las mejores cinco y se forma un ranking. De ahí clasifican los mejores 20 botes y después hay un repechaje continental, que sería en los Juegos Panamericanos de Lima. Este año los Juegos Odesur son muy importantes porque enfrento a los competidores que van a formar parte del repechaje. Tengo expectativas altas, pero hay buenos competidores.
NA: ¿Cómo es una preparación completa para torneos de gran calibre?
MT: Hay gimnasio y una base aeróbica, como correr, nadar y remar. En Argentina lo que falta sería poder competir contra alguien en las cascadas, ese es un límite porque no hay tanta gente que lo haga y estén en el plano internacional, como pasa en otros países. Por ejemplo en España un chico de mi edad entrena y compite todos los fines de semana con el top 2 y top 6 del mundo, por lo que terminan empujándose para arriba entre todos. Otra cosa que se puede recalcar es la diferencia entre tener un canal artificial y uno natural. Recuerdo que para intentar hacer figuras un poco más fuertes en el agua, con mi papá íbamos con un posa cañas por el borde del río, los días que se inundaba un poco, buscando lugares donde se formaban olas un poco más gruesas. Clavábamos el posa cañas y la caña y me metía con el bote. Si no me gustaba, seguíamos buscando. Otros días en el mar, cuando había sudestada, nos íbamos a saltar olas. Hay que usar mucho la imaginación para armarse un escenario y después competir.
NA: ¿Cómo vivís estos torneos desde adentro? ¿Cómo es el trato interno con el resto de los competidores?
MT: Es bastante individual porque son varias categorías, no todo el mundo hace todos como es mi caso. En el próximo campeonato dura cinco días y termino compitiendo todos los días. Es un poco tedioso pero usualmente se mantiene la intensidad competitiva y es bastante sano.
NA: ¿En qué consiste y cómo te viene ayudando la beca anual que ganaste como premio inspiración en los Olimpia?
MT: Ayuda muchísimo. Fue una emoción estar ahí por primera vez, fue algo bastante importante. Te sentís parte de algo, con todos los deportistas que están. Todos los que están ahí son muy grandes y estar sentado al lado de ellos también te hace sentir parte. Espero poder seguir cruzándome con alguno en las próximas ediciones o en los Juegos de Los Ángeles. La beca ayuda mucho desde lo emocional, el apoyo económico y la visibilidad. Sé que no es un deporte demasiado conocido pero para mí tiene todas las características para que lo sea, así que espero que me siga ayudando.
NA: Se viene el Mundial Sub 23, el Mundial mayor en Oklahoma, los Panamericanos y los Juegos Odesur, ¿Cómo te sentís personalmente de cara a estas competencias y qué objetivos te marcás en los torneos?
MT: Estoy terminando la preparación para llegar bien, van a ser un hilo de competencias muy seguidas, en lo que va de mi carrera nunca me fui tanto tiempo seguido. Entre todas las competencias me voy a ir alrededor de 100 días y hay que saber cómo planificar para llegar entero a la mayoría de los torneos. La expectativa en general es disfrutarlo mucho, que termina siendo lo que más importa. Divertirse y estar en plenitud, buscar ser constante y realzar mis capacidades en un deporte oportunista, en el que no te define todo tu entrenamiento. Cumplir mis expectativas en base al entrenamiento que tengo y poder decir “lo hice bien” después de terminar un recorrido. Después ver cómo estoy entre los resultados, comparado con los otros atletas.
Agencia NA