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La juventud es una isla (2024), de Louise Ernandez

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La juventud es una isla (2024), de Louise Ernandez

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Suscribite a CALIGARI “Ruinas, vlogs y pájaros que vuelven

Por Laura Santos

Una voz se alza entre el rumor del mar y la humedad de los muros derruidos. Un joven camina con su celular en alto, como si sostuviera un faro improvisado entre pasillos carcomidos por la sal. Su nombre es Yasse, aunque para casi 150.000 suscriptores de YouTube es simplemente @Yasevids: guía amateur de ruinas, explorador de techos y ventanas rotas, narrador de una ciudad que se cae a pedazos pero se resiste a hundirse. Así se abre paso La juventud es una isla, el documental de Louise Ernandez que convierte un simple vlog en un viaje sensorial a la paradoja cubana. La cámara  (un ojo 360°) que parece flotar por voluntad propia, se pega a Yasse y luego se escapa, observa conversaciones desde lejos, se pierde entre pájaros y callejones húmedos. Hay algo de inquietante en esa mirada: no es solo testigo, es cómplice y rehén de una generación atrapada entre la ilusión de la conexión global y los muros muy concretos de la Isla de la Juventud.

Hablando a la cámara, Yasse se convierte en arqueólogo y cronista de su propio encierro. Cada rincón que filma revive un fragmento de la memoria urbana: cárceles abandonadas, patios inundados, techos que se abren como cúpulas hacia un cielo que también parece clausurado. Es su forma de rescatar lo olvidado, de ofrecer a esas ruinas una segunda vida en la nube, allí donde, paradójicamente, todo parece posible. La contradicción late en cada plano: mientras su voz se expande por el mundo digital, su cuerpo sigue anclado en un territorio donde la salida es apenas un anhelo. El dispositivo técnico amplifica esa paradoja. Ernandez y el director de fotografía Arnaud Alberola diseñaron una cámara que respira, se detiene y se fuga a capricho, como un pájaro que no encuentra jaula ni horizonte. Filmaron en 360°, para luego encerrar de nuevo esa amplitud en un marco bidimensional durante la edición. Es un truco y una metáfora: aunque la imagen se abra, el encierro persiste. Aunque el joven se multiplique en miles de pantallas, la isla sigue rodeada de agua y silencios.

Las calles de La Habana, con su belleza que se deshace, se convierten en escenario y espejo. Yasse camina entre paredes descascaradas que sostienen sueños agotados. Allí, cada vlog es un acto político: mostrar lo que queda, registrar lo que resiste. Entre cada pared húmeda se filtra la voz de noticieros lejanos, zumbidos de notificaciones, susurros de un mundo conectado que nunca termina de llegar del todo.

La música, compuesta por Irwin Barbé, y el sonido funcionan como un eco mental. Capas de murmullos, mensajes de voz, pasos sobre charcos. Todo sugiere la misma pregunta: ¿cómo se siente estar solo mientras miles de voces virtuales te rodean? Entre esa multitud invisible, Yasse se vuelve frágil, casi fantasmal, hasta que un gesto mínimo (mirar un ave alzar vuelo) lo ancla de nuevo en lo real. La juventud es una isla avanza entre lo físico y lo virtual, la soledad y la hiperconexión, la nostalgia y el deseo de escapar. Más que una película sobre un joven y su celular, es una pregunta abierta: ¿qué significa ser libre cuando el único horizonte posible es la pantalla?

Titulo: La juventud es una isla

Año: 2024

País: Francia

Director: Louise Ernandez

  Foco: FIDMarseille 2025

Fuente: https://caligari.com.ar/la-juventud-es-una-isla-2024-de-louise-ernandez/

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