
De Tucumán y Corrientes a París: los petiseros que triunfan en el polo
París, 30 septiembre (Enviado especial de NA) – De Tucumán y Corrientes a París, los argentinos Isidro Agüero y Matías Fiol forman parte del grupo de petiseros que trabaja durante la temporada ...
París, 30 septiembre (Enviado especial de NA) – De Tucumán y Corrientes a París, los argentinos Isidro Agüero y Matías Fiol forman parte del grupo de petiseros que trabaja durante la temporada europea de polo, un oficio que implica el cuidado cotidiano y la preparación de los caballos.
Agüero, oriundo de Juan Bautista Alberdi, en el sur de Tucumán, dialogó con la Agencia Noticias Argentinas en París acompañado por su compañero de trabajo, el correntino Matías Fiol.
“Nosotros somos petiseros que andamos con el polo. Hacemos temporada seis, siete meses y después nos volvemos a Argentina”, explicó Agüero sobre una actividad que puede llevarlos a permanecer buena parte del año lejos del país.
El tucumano detalló que el petisero es quien se ocupa diariamente de los caballos: los alimenta, cepilla, ensilla y trabaja para mantenerlos en condiciones para los partidos de polo.
Agüero aprendió el oficio desde muy chico junto a su padre, quien dedicó su vida a la misma actividad. A los 18 años se trasladó a Buenos Aires, donde permaneció alrededor de una década y profundizó su formación antes de comenzar a viajar a Europa.
“Con los patrones que tenía ahí empecé a viajar para acá y a hacer contactos para poder venir”, recordó.
La rutina en Francia mantiene buena parte de las prácticas que realizan en la Argentina. Las jornadas comienzan por la mañana con la alimentación y el cuidado de los animales, para luego continuar con el entrenamiento.
Agüero explicó que los caballos son sometidos a un trabajo constante para conservar su estado físico durante la temporada. En ese circuito, destacó especialmente a los ejemplares argentinos y vinculó su reconocimiento con el desarrollo de la genética y los años de trabajo en el país.
“Yo creo que ya es el trabajo de muchos años que viene formándose con la genética. Eso hace al caballo argentino más sobresaliente que otros caballos de otros países”, sostuvo.
Los caballos que llegan desde la Argentina son acompañados durante la temporada por petiseros que también viajan desde el país. Al finalizar el calendario pueden ser vendidos o quedar en descanso hasta el comienzo de una nueva etapa de competencia.
La estadía de los trabajadores argentinos suele extenderse entre seis y siete meses, aunque puede prolongarse según cada empleador y el calendario. Agüero señaló que, después de Francia, algunos continúan la temporada en España y otros permanecen casi todo el año fuera de la Argentina.
El petisero remarcó que se trata de un trabajo que exige dedicación permanente. “Primero tiene que gustar mucho, porque es un trabajo que tiene mucha constancia, de lunes a lunes”, señaló al referirse a quienes quieren iniciarse en el oficio.
Para Agüero, el camino comienza en una caballeriza, aprendiendo el cuidado de los animales y adquiriendo experiencia. Una tradición que, en su caso, empezó junto a su padre en Tucumán y que hoy lo encuentra trabajando con Fiol en Francia, como parte del universo argentino que rodea al polo en Europa.
Agencia NA