
Boy Olmi presentó su unipersonal Boy que nació a partir de una investigación sobre su historia familiar
Buenos Aires, 19 marzo (NA) – Boy Olmi atraviesa un momento artístico muy particular con Boy, el unipersonal que presenta en el Teatro Picadero y que, según explicó, nació de una investigación ...
Buenos Aires, 19 marzo (NA) – Boy Olmi atraviesa un momento artístico muy particular con Boy, el unipersonal que presenta en el Teatro Picadero y que, según explicó, nació de una investigación profunda sobre su historia familiar, sus ancestros y los mandatos ocultos que atraviesan la identidad.
En exclusiva con la Agencia Noticias Argentinas, el actor contó cómo fue el proceso creativo junto a la directora y dramaturga Shumi Gauto, habló del costado sanador que encontró en el teatro y aseguró que el espectáculo no cuenta solo su historia, sino también la de “todos nosotros”.
“Boy es mi unipersonal y no lo pensé especulativamente sobre qué me convenía hacer o cuál es el espectáculo en el que me gustaría estar, sino que es algo que me ocurrió”, explicó el actor.
Asimismo, agregó: “Me ocurrió en la vida después de diez años de búsqueda, de preguntas y de situaciones que se fueron encadenando”.
Según relató, todo comenzó a partir de una situación familiar vinculada al envejecimiento de su madre, ese proceso lo llevó a hacerse preguntas sobre sus raíces y sobre aquello que se transmite de generación en generación sin decirse de manera explícita.
“Empecé a preguntar sobre mis propios ancestros, empecé a preguntarme sobre los mandatos, las cargas, los mensajes que estaban ocultos en mi familia”, recordó. A partir de ahí, inició una investigación sobre lo que definió como “el inconsciente transgeneracional”.
Olmi explicó que esa búsqueda apuntó no solo a los valores heredados, sino también a los secretos familiares que pueden transformarse en mandatos o creencias que condicionan la vida: “Aquello tiene que ver con los secretos que la familia guardó y que aparecen en nuestra vida como mandatos, como creencias firmes, y que a veces no nos pertenecen del todo”.
UNA BÚSQUEDA SOBRE 16 TATARABUELOS Y MÚLTIPLES ORÍGENES
En esa reconstrucción personal, el actor llegó a investigar a sus 16 tatarabuelos, sus países de origen, culturas y religiones, por lo que, el trabajo incluyó archivos familiares, libros, museos, iglesias, entrevistas con parientes, historiadores y expertos.
En ese camino apareció Shumi Gauto, quien se transformó en una figura decisiva para darle forma escénica al material, según contó, la directora puso el foco no tanto en el pasado lejano de su familia como en lo que todo ese proceso le estaba provocando en el presente: “No me interesa tanto su historia lejana, familiar, sino me interesa saber qué te está pasando a vos en este momento de la vida”.
A partir de esa pregunta, comenzó un trabajo de dos años basado en charlas, improvisaciones y relatos personales que luego Gauto transformó en dramaturgia: “Ella fue grabando y registrando todo lo que yo le contaba. Con todos esos relatos, finalmente elaboró una dramaturgia que se transformó en una obra de teatro”.
El director de la obra subrayó que el espectáculo no tiene ficción en su contenido, aunque sí se convirtió en una pieza teatral con estructura y texto dramático. “No tiene nada de ficción, porque son las cosas que dije yo de absoluta verdad”.
El actor aseguró que Boy produce un efecto muy fuerte tanto en él como en el público: "Lo que pasa con este espectáculo es tremendamente sanador para mí, pero también para el público que lo ve. La gente se divierte mucho, se conmueve y también se va con muchas preguntas”.
En ese sentido, remarcó que el material excede su experiencia personal y toca aspectos universales de la vida de cualquier espectador: “Esto no es un espectáculo sobre mi historia, es un espectáculo sobre la historia de todos nosotros. Con nuestros vínculos, con nuestros padres, con nuestros hijos, con el amor, con la vida, con la muerte, con el sexo, a todos nos pasan cosas parecidas”.
“EL TEATRO TIENE UNA FUNCIÓN SOCIAL, SANADORA”
Durante la charla, también se detuvo en su mirada sobre el teatro y el rol que cumple en la vida de las personas, aunque aclaró que la obra no pretende ser terapéutica, sí consideró que el teatro puede producir transformaciones profundas, ya que para el actor, nadie debería salir de una sala de la misma manera en que entró.
“La gente no tiene que salir de ningún teatro como entró. La gente tiene que ser modificada por las emociones”, expresó.
Incluso fue más allá al hablar del origen mismo del hecho teatral: “El teatro tiene una función muy profunda, una función social, sanadora”.
Olmi explicó que nunca evitó un proyecto de estas características, sino que llegó a él en el momento preciso de su vida, según dijo, no habría podido hacerlo hace 20 o 30 años: “Hace 10, 20, 30 años no me hubiera pasado esto, no hubiera tenido los elementos y las herramientas para hacerlo”.
El actor definió la experiencia como una exposición muy intensa de su intimidad emocional: “Yo vengo a exponer mi propia desnudez de alma". Sin embargo, lejos de vivirlo como una amenaza, explicó que esa entrega resulta reparadora.
Al ser consultado por colegas con los que le gustaría compartir un proyecto, el intérprete mencionó varios nombres del cine y el teatro argentino, entre ellos, nombró a Leonardo Sbaraglia, Ricardo Darín, Paola Barrientos, Pilar Gamboa, Mercedes Morán y Julieta Zylberberg.
También destacó su presente laboral con otros actores con los que hoy comparte escenario: “Ahora estoy trabajando también con Pablo Fábregas y con Ana Escalante”, comentó, y definió a sus compañeros como “las personas más encantadoras y más talentosas” con las que trabajó últimamente.
Más allá de los nombres propios, dejó en claro qué tipo de artistas lo convocan más: “Me gustaría brindarme al trabajo con personas que se arriesgan, con personas que su juego creativo tiene el atrevimiento de romper la cáscara de ellos y se atreven a volar locamente”.
El actor relacionó el espíritu del espectáculo con el presente global y habló de crisis ecosocial, guerras, degradación ambiental y de una humanidad cada vez más fragmentada: “Yo creo que el momento que estamos pasando a nivel global, la profunda crisis ecosocial que está viviendo la humanidad, pone en peligro la sustentabilidad de la propia especie”.
Desde su perspectiva, la salida no pasa por profundizar las divisiones, sino por integrar las partes que hoy aparecen disociadas: “Yo veo que en lo político, en lo religioso, en lo sexual, en montones de aspectos, estamos divididos y estamos disociados. Yo creo que estamos todos juntos en realidad”.
Para el actor, Boy propone justamente ese ejercicio de integración: “Mi espectáculo integra las partes que me componen y por lo tanto propone que cada espectador integre las partes que lo componen”.
Sobre su vínculo con la televisión, el cine y las plataformas, Olmi dejó en claro que no siente que haya abandonado ningún formato, por el contrario, explicó que sigue activo en distintos espacios, aunque con modos de circulación diferentes a los de otros años.
“No es que me gustaría volver, yo nunca me voy de ningún lado, ni de la pantalla chica ni de la pantalla grande”, afirmó.
Como ejemplo, recordó que todavía circulan trabajos suyos en plataformas y mencionó proyectos recientes, entre ellos una película dirigida por él que subió a YouTube: “Hay más de 100.000 personas que han visto la última película que dirigí este año, que se llama La banda de Jane de los monos”.
También mencionó otros trabajos recientes en streaming. “Hice una serie que se llama Paisajes reales, en Blender. Hice un reality en Olga”, enumeró.
LAS ÚLTIMAS FUNCIONES EN EL PICADERO Y LA GIRA INTERNACIONAL
Antes de viajar a Europa, confirmó que le quedan dos funciones de Boy en el Teatro Picadero, los jueves 19 y 26 de marzo a las 20, después de eso, presentará el espectáculo en Madrid y Barcelona, donde participará en un festival de teatro latinoamericano.
Así, con un espectáculo nacido de una búsqueda personal, convertido en experiencia colectiva y atravesado por preguntas sobre la identidad, la herencia y la fragilidad humana, Boy Olmi se prepara para cerrar su etapa en Buenos Aires y abrir una nueva escala internacional con una obra que, según sus propias palabras, “no deja a nadie afuera”.
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