
Abortion party (2025), de Julia Mellen
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Suscribite a CALIGARI “¿Acaso las personas “irresponsables” no merecen también autonomía sobre su cuerpo?”
Por Natalia Llorens
Hay películas que incomodan porque se atreven a poner en escena lo que preferimos barrer bajo la alfombra. Abortion Party, de la joven cineasta Julia Mellen, pertenece a esa estirpe rara de obras que convierten lo impresentable en una chispa de libertad creativa. Bajo el pretexto de postularse a una beca, de una institución que deliberadamente mantiene en el anonimato, Mellen reconstruye una experiencia personal: la insólita fiesta que organizó a sus veinte años para celebrar un aborto. Lo hace sin pedir permiso ni indulgencia, lanzándose a un monólogo frente a la cámara de su portátil que se despliega como un tutorial caótico y ferozmente divertido. Lo primero que atrapa es la forma: Mellen elige deliberadamente la precariedad técnica como declaración de principios. Su universo visual se arma con Sketchup, un programa pensado para arquitectura, no para animación cinematográfica. Así surgen personajes ensamblados como collages geométricos: piernas cilíndricas, pies paralelográmicos y torsos fabricados con racimos de consoladores rosas. Todo este zoológico sintético convive en un entorno 3D que parece improvisado, pero cuya tosquedad revela una reivindicación clara del arte DIY. Lejos de ocultar los errores, Mellen los abraza como prueba de humanidad: el audio grabado con un iPhone, la cámara web que la persigue como selfie errante, el montaje que no disimula sus costuras.
Esta fiesta, narrada sin pausa en un torrente de palabras que coquetea con la verborragia, recuerda más a un stream casero que a un cortometraje “serio”. Pero en su aparente liviandad late una crítica filosa: Mellen se burla de la solemnidad que suele rodear el debate sobre el aborto. En lugar de encarnar el perfil de víctima “aceptable” (la mujer virtuosa, la joven con futuro que comete un error) la directora se expone como alguien que no encaja en ese molde: festiva, sarcástica, contradictoria. Consciente de que su película jamás convencerá a un antiabortista, se ríe de su propia frivolidad y la convierte en manifiesto: ¿acaso las personas “irresponsables” no merecen también autonomía sobre su cuerpo?
El escenario íntimo de la historia se ancla en Pilsen, un barrio mexicano de Chicago, “pre-gentrificación”, como subraya Mellen. Allí convivían preocupaciones que el traslado a una Europa “aseada” dejó atrás: violencia de pandillas, discriminación, maternidades negadas o impuestas. La fiesta se convierte así en un retrato de entorno, tan personal como colectivo. El aborto, paradójicamente, queda desplazado a un segundo plano: es apenas la excusa para reunir cuerpos, risas, excesos y confesiones. Mellen llena su universo de guiños pop: imágenes de raperos como Spooky Black o Yung Lean, líneas de Adderall triturado, cigarrillos Newport. Estos restos de adolescencia desbocada se mezclan con una estética retro que hace pensar en videojuegos de los noventa y vídeos tutoriales mal editados. Lo notable es cómo toda esta chatarra visual se vuelve coherente: lo cutre se vuelve elegante en su insistencia. Abortion Party es un gesto de irreverencia que desarma la corrección política, devuelve al arte su costado incómodo y demuestra que, a veces, la única forma de contar ciertas verdades es reirse mientras se enciende la cámara.
Titulo: Abortion party
Año: 2025
País: España
Director: Julia Mellen
Foco: FIDMarseille 2025Fuente: https://caligari.com.ar/abortion-party-2025-de-julia-mellen/